8 de marzo
Amigas y amigos uno en su vida tiene muchas historias, pero también tiene mucho que agradecer.
Agradezco a la vida haber crecido en una generación llena de energías que se expresan en sus convicciones… si dejamos muchas de nuestras vidas personales para sacar un país de la oscura y larga noche que vivimos por años; fuimos capaces de organizarnos no solo para que llegar a la democracia que reconozco que no ha sido como la soñamos, pero seguimos la senda de nuestras historias tan digna como hasta ahora… si solo hace 65 años tenemos derecho a votar… tal vez la historia no nos marginó…. sino que acumulamos con muchas enseñanzas las que nos marcaron para enfrentar los horrores de una dictadura.
Fuimos las llamadas a enfrentarnos al mundo llamándonos progresistas rompiendo el círculo familiar para saber que no todas saldríamos de blanco de nuestras casas. Las que nos postergamos muchas veces para amar. Y cuando lo hicimos nos equivocamos. Que fuimos madres solas, que debíamos trabajar para mejorar la dignidad de nuestros hijos, las que marchamos sin que nadie se atreviera antes, las que buscamos a nuestros muertos y las que logramos abrir las cárceles donde estaban ellos, nuestros compañeros.
Hoy solo quiero hablar de mi alma agradeciendo a todas las que estuvieron conmigo en esos años, como no nombrar a la Cani, Carmen Calderón, Bernarda Pérez, Quena, Daniela Lillo, Claudia Cerda, Claudia Olivares, Carola Recabarren, Gina Valsasnini en fin, muchas más, agradecerles por habernos acompañado y hoy cuando nos miramos, sabemos que no nos equivocamos, si somos las ochenteras.
Y como no hacer memoria si las que sembraron esta generación dieron todo de ellas y debemos conmemorar a esas mujeres que al paso de la historia lucharon incansablemente por nuestros derechos: las imprescindibles como Fresia, Javiera Carrera, Paula Jaraquemada, Amanda Labarca, Elena Caffarena, Eloisa Díaz, Gabriela Mistral, Violeta Parra, Laura Rodríguez, Gladys Marín y Carmen Lazo.
Aquellas que al recorrer el desierto sus nombres que están dibujado en los cerros, en las minas donde se sueñan antes de salir de la jornada… esas que caminan en campo entre maravillas y trigales jornadas completas... aquellas como mi madre que hoy como un ángel vuela entre los cerros de Purén… ésas que están en la orilla de mar tejiendo redes…. ésas que limpian las casas de otras, ellas que nos atienden en la panadería, también las que nos venden un vestido…. aquéllas que hacen felices a hombres que compran algo de cariño, las que riegan las plazas, barren las calles, nosotras, todas las que vivimos en el último país al sur del fin mundo y hoy gritamos con energía:
“NI DE RODILLAS, NI DERROTADAS…… PALABRA DE MUJER”
Mabel Ramírez Pinto